domingo, 18 de septiembre de 2011

Rumores

Llevaba unos cuantos meses enseñándoles a los amigos del bosque. Una tardes a la semana, al terminar mi trabajo, daba un paseo hasta el borde de la ciudad, donde comenzaba el bosque, y me adentraba en él. Sin saber cómo, siembre acababa encontrando el camino hasta el claro, aunque durante algunos ratos creyese haberme perdido. En aquel claro me sentaba a esperar, y en cuestión de minutos aparecían los niños, corriendo y creando alboroto. Traían instrumentos, algunos parecidos a los que se utilizan en la ciudad, algunos tan extraños que no acertaba a descubrir cómo funcionaban.
Así, todas las tardes les enseñaba mi música, y tocábamos juntos hasta la hora cuando ellos debían volver a su aldea. Una aldea que sólo había visto un par de veces, ya que los ancianos que lideraban no aprobavan el contacto entre los niños y yo. Secreta y oculta, la aldea era desconocida por la civilización moderna. Yo era la única persona del mundo moderno que conocía de su existencia.
Hasta que ése hombre la encontró.
Se me heló la sangre en las venas cuando Ferlosio me lo contó. Que Liliana le había dicho que el miliciano le había contado que habá un pequeño poblado secreto habitado en medio del bosque, oculto por la vegetación. Que se había persido por el bosque en uno de sus paseos, y que así había descubierto el poblado. El mismo poblado que cuenta la leyenda de aquél libro de cuentos. Volvió a la ciudad y se lo contó a Liliana. No había terminado, pero en ése momento entró Sánchez Mazas en la sala, y el miliciano, al no encontrarse a gusto en su presencia, se marchó en seguida. Liliana, amante de los rumores, rápidamente fue a contárselo a Ferlosio.
Yo ya visualizaba esos rumores expandiéndose. Y cuando llegaran a oídos de las autoridades, por muy absurdos que fuesen, enviarían gente a buscar esa aldea. Y esta vez no había duda de que la encontrarían.
Tenía intención de hablar con Liliana. Pero, por alguna macabra coincidencia, murió de un infarto poco después. Y el miliciano, desaparecido. Pero probablemente las amigas de Liliana, y todo el barrio, conociesen ya lo que le había contado el miliciano. Y aunque me hubiese confirmado Ferlosio que el miliciano había visto la aldea del bosque, teía que preguntarle a alguien más.
Asi que fuí a la casa de una de las amigas de Liliana a hacerle unas preguntas, y su relato era prácticamente el mismo. No perdí tiempo, y aquella misma tarde me adentré en el bosque de nuevo, con intención de prevenir a los habitantes del bosque.
Pero al parecer los rumores vuelan incluso en el interior de la vegetación y las más antiguas y secretas poblaciones, pues cuando conseguí llegar a su pequeña aldea, noquedaban más que casas rudimentarias de madera vacías, y los restos de la hoguera de la noche anterior. Sin rastro de vida humana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario